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Juegos...

Contemplo la obra del artista extremeño Diego Simancas como aquélla en la que fantasía y espacio se concitan para desenmascarar la función pertinaz del tiempo.

 

Y es gracias a que una figuración, entre lo artificioso y lo sensual, genera una visión aparentemente polivalente pero que guarda una lógica unitaria: música, baile, placer, juego y más en una base fragmentada anunciadora de un vacío negro que puede tragarse todo ese escenario, quizás por considerarlo frívolo cuando es sólo lúdico. Señal de que lo pictórico abre sus propias dudas e interrogantes.

 

Por eso, esos seres de colores suaves y fríos enlazan con las caricaturas que no son vivencias del tiempo sino de la búsqueda de otra existencia donde lo irreal sea real.

 

Y además ese dibujo dinámico encuentra en lo geométrico la senda por la que desfilan las formas que hacen de la curva la presencia de un ballet plástico que se recrea amable y secretamente en nuestra mirada.

 

Gregorio Vigil-Escalera Alonso (Goyo)
Miembro de AMCA Y AECA (Asociación Madrileña y Española de Críticos de Arte)

Colaborador en noticiasdigital.es


Confieso que es la primera vez que visito una galería virtual...

 A pesar de las limitaciones del medio, la potencia plástica y originalidad del artista llegan al espectador. Incluso al profano, como es mi caso.

 

Había visto fugazmente algo de Diego en una apresurada visita a su estudio. Ahora he tenido la ocasión de recrearme en algunos de sus óleos.

 

Soy persona que siente más la música que la pintura (ningún cuadro me ha hecho todavía llorar...); pero en esta serie se nota cómo Diego siente también la música, en su personalísima y distorsionada visión de los instrumentos y en la sensualidad, colorido y fantasía de los intérpretes.
 
En definitiva: una gratísima sorpresa. Esta serie de Diego Simancas invita al espectador musicalmente culto a ponerle sonido a sus formas, recorriendo tal vez el camino inverso del artista, que puso forma a los sonidos.

 

Luis Alfonso Limpo Píriz
Cronista Oficial y Archivero-Bibliotecario de Olivenza
Académico correspondiente de la Real Academia de Extremadura de las Artes y las Letras


Aquelarre...

Suspendido en su platea

abrazado a lo irreal,

un  arlequín   pavonea

su  aquelarre existencial…

 

Cual  Danubio torrencial!

Un pincel apasionado

sobre el lienzo idolatrado

compuso su nuevo Vals...

 

Y  con  luz  fantasmagórica

descompuso en trazos finos

al  danzante y su esperpento...

 

En su fase más platónica

afanó nuevos caminos...

Y al búho,  sorprendió atento!...

Nocturnos...

En los tendidos del búho…

La  tinta sobre el albero

luce con  vigor  sincero

de tu duende más castúo!

¡Cairel de pincel  torero!...


Fernando Naranjo Durán

Amigo, Crítico taurino, Poeta y Pintor aficionado


El cromatismo musical de Diego Simancas...

La musicalidad en la ciudad, entre calles llenas y vacías, un ser humano camina sin destino, cada textura, cada luz de color, y perspectiva perfecta, nos invita a la reflexión sobre un ser afable, verticales cromáticas de belleza sin fronteras. Pensamientos celestiales de esta obra llena de ternura, inteligente composición en el soporte, sorpresa, emoción, deleite para los ojos y paz en el alma.


Simancas es un realista e imaginario creativo. Así, sus figuras de pronto se construyen para anunciarnos que, si bien son emanación de la circunstancia, al mismo tiempo son desprendimientos y superación de ella. Lo más bello del cuerpo humano y la más dulzura figura de mujer, completamente asumida por la más musicalidad realizada, se concretizan y espiritualizan permitiendo que las alcancemos las luces en el mismo instante. En consecuencia, todo se vuelve sutil gracias al procedimiento pictórico de la luz, del expresionismo y al fondo con texturas, permitido por el in formalismo, perfumando, ambiental, pero jamás radicalmente real. Diego Simancas, habla de la mujer con mayúsculas.


Es curiosa la preponderancia que se ha dado a la pintura al óleo con relación al pastel y la tinta, cuando estas última necesitan mucha más dedicación del artista. Un óleo se puede retocar, arreglar y rectificar lo que no nos parece bien, el pastel y tintas, son maravillosamente irreversibles, es un todo o nada definitivo. Se necesita una técnica depurada la cual nos permita en un momento determinado expresar infaliblemente un instante, una situación, aquello que se nos escapa de entre los dedos como si fuera arena del desierto. Eres único en esta obra.

 Rafael Piedehierro

Escultor, pintor y dibujante nacido en Mérida (Badajoz) en 1948


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